Una explicación religiosa del sufrimiento lo vincula al pecado original: los primeros seres humanos desobedecieron y sus descendientes vivimos las consecuencias.
No todas las tradiciones cristianas entienden esa herencia de la misma manera. Pero cuando se utiliza para justificar nuestro sufrimiento, aparece una pregunta bastante terrenal:
¿Por qué debería pagar alguien que ni siquiera había nacido?
Distinguimos perfectamente entre sufrir las consecuencias de una decisión ajena y ser culpable de ella. Un niño puede heredar un mundo arruinado por sus antepasados. Eso no significa que merezca encontrarlo así.
Mucho menos explica por qué un ser perfectamente bueno, capaz de reparar el daño, decide mantener esas condiciones.
En cualquier otro contexto, cargarle a un bebé la falta de un antepasado nos parecería una injusticia. Cambiarle el nombre a «orden divino» no resuelve la objeción.
Vaya bienvenida: todavía no puedes sostener la cabeza y ya tienes una deuda histórica.
Entonces llega la respuesta: Dios envió a Jesús para salvarnos.
Pero el sufrimiento continúa.
Siguen naciendo niños con enfermedades. Siguen ocurriendo catástrofes. Las consecuencias que se atribuyen a aquella primera desobediencia no desaparecen.
Un creyente puede responder que la salvación permite la reconciliación con Dios y que la restauración completa llegará después. Bien: esa respuesta distingue el perdón de la reparación. Ahora falta explicar la demora.
Los seres humanos podemos perdonar sin tener capacidad para arreglar lo ocurrido. Podemos querer curar a alguien y carecer de tratamiento. Podemos llegar tarde.
Un Dios omnipotente no tiene esas limitaciones.
No necesita reunir fondos, esperar un donante ni comprobar si el especialista tiene hueco en noviembre.
Si puede reparar el daño ahora, ¿por qué aplazarlo?
Quizá se responda que el sufrimiento nos enseña, nos fortalece o nos prepara.
A veces aprendemos de una desgracia. Eso no demuestra que fuera necesario provocarla o permitirla. Mucho menos que cada grado de dolor sea indispensable para nuestra formación.
Un maestro capaz de enseñar sin destrozar a sus alumnos debería tener alguna preferencia por ese método.
Y hay sufrimientos que ni siquiera dejan ocasión para aprender: vidas demasiado breves, dolores que destruyen capacidades, personas que mueren sin recibir la supuesta lección.
Prometer una reparación futura puede ofrecer esperanza. Pero esa promesa no explica por qué alguien que puede ayudar inmediatamente decide esperar.
Si una persona mantuviera abierta una herida y nos asegurara que ya la curará después, preguntaríamos por qué no empieza ahora.
La eternidad no vuelve irrelevante el dolor de este minuto para quien lo está sintiendo.
Si la deuda está perdonada y quien puede detener los cobros nos ama, ¿por qué siguen pagando quienes nunca la contrajeron?
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Comments
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Tienes muchas preguntas sin respuesta.
Difícilmente las acciones y respuestas ocurren inmediatamente a que surge nuestra necesidad de una respuesta o acción ante determinado problema o situación.
Como bien dices Cristo murió en la cruz para con su sangre lavar nuestros pecados al nacer, lo que no quiere decir que estamos libres de pecado permanente, estamos viviendo en pecado a cada momento de nuestras vidas.
Como también mencionas que tenemos la opción del libre albedrío, somos los que decidimos que camino tomar en la vida y nuestras acciones tienen consecuencias, somos el resultado de nuestras acciones.
Cierto es también que Dios envío al pueblo de Israel las 10 plagas como castigo por la desobediencia entre otros castigos.
También es cierto que no fue Dios el creador de todos los males que sufren los seres humanos tales como la lepra, el vitigo, etc
Es complejo entender el comportamiento humano y sus acciones.
Es común preguntarnos porque estoy viviendo determinadas situaciones y tratamos de encontrar una respuesta y una solución que por lo general esta fuera de nosotros y de nuestro control.
Para entender los designios de Dios lo único que puedo sugerir es leer la biblia, quizás encontremos las respuestas que buscamos, el hecho de leer la biblia no nos convierte a la fe.
La historia que recogen los libros es bien interesante y nos ayuda a comprender mejor las cosas que suceden en el mundo contemporáneo.
Esta frase señala una contradicción lógica. Si hay perdón, no debería haber cobro. Si sigue habiendo cobro, entonces no hubo perdón real, solo un cambio de nombre.
Decir que sufrimos por lo que hicieron otros dos hace miles de años convierte la justicia en herencia. Y ninguna justicia que consideraríamos justa hoy funciona así. No heredamos la condena de nuestros abuelos en un tribunal. ¿Por qué la heredaríamos ante Dios?
Si lo que heredamos no es una culpa sino una herida, un mundo ya roto, entonces la pregunta cambia: ya no es "¿por qué me castigan?", sino "¿qué hacemos con la herida?".